Cien años después vino otra pandemia, nos azotó a todos, no
dejó a nadie a la deriva.
El Codvid-19, el coronavirus, aunque yo me quedo con la
nomenclatura que le dio una gaditana, el chichivirus.
Cómo decía, el chichivirus, no dejó a nadie de lado, a todos
nos tocó de una u otra forma, a todos nos está dejando muchas cosas con las que
reflexionar.
Lo primero, supongo de recibo, es aclarar que todo esto
empieza en China. Al comenzar esta cruzada del chichivirus con los humanos,
todas las personas que no son del país asiático comienzan una guerra silenciosa,
de éstas cosas que a los viandantes de a pie nos da vergüenza ajena, y todo lo
que tiene que ver con personas de ojos rasgados empieza a darnos cierta repulsión,
al menos, a una parte gran de la población (no me digáis que no, que yo lo sé).
Quiero recalcarlo, porque después, resulta que estas personas, maravillosas
diría yo, ayudan al mundo entero poniendo todos los recursos de los que
disponen para ayudar a esa humanidad que, a veces, no se lo merece.
El chichivirus empieza a viajar, y llega hasta Europa,
saltándose todas las fronteras que los humanos hemos alzado y definiéndonos a
todos como iguales (puede llegar a ser triste que sea una enfermedad lo que nos
iguale, pero puede que esto nos sirva para, entre otras muchas, poner las
cosas de donde nunca deberían haberse movido, a ver cuánto dura).
Y aún nos coge lejos, claro, aun habiéndose saltado miles de
kilómetros estaba, fuera de mi territorio, así que, como lo vemos desde la
pantalla de la tele, a nosotros no nos afecta. Cómo todas estas guerras,
hambrunas, muertes y demás devastaciones que, como no es a nosotros pues qué
pena, pero que no pasa nada, que no vengan aquí para sobrevivir que nos quitan
el trabajo (léase con ironía).
Bueno, sigo que me pierdo en otras lindes. Llega a Europa, a
Italia, y en poco tiempo la desola, claro, sin las medidas de contención que
Wuham dispuso y sin la concienciación social que tienen sus habitantes el
chichivirus campó a sus anchas. Los italianos se vieron, en muy poco tiempo,
con un porcentaje elevadísimo de contagio, y con la famosa curva siempre
ascendiendo. La sanidad, como ya pasara en Wuham, se vió colapsada hasta
límites que no se podían contener. Y llegó a España.
Con los datos que teníamos hasta aquí es fácil pensar que,
desde los primeros contagios, nuestros dirigentes pondrían tierra de por medio
rápido, pero no.
Esperamos, lo hicimos como siempre hacemos, esperando los fallos para criticarlos (recordad, hay que poner siempre puentes para avanzar). En vez de soluciones hicimos manifestaciones públicas, mítines, miles
de partidos deportivos.
¿Y qué pasó? Pues que Madrid, La Rioja y País Vasco (zonas
con más afectados) se disparan a la velocidad de la luz.
Comenzamos a tomar medidas. Se decreta confinamiento civil
en las zonas más latentes de chichivirus, y resulta que sus vecinos se lo
saltan a la piola (pongo ésto para aclarar que el fallo siempre es de todos, del pueblo, también), y deciden que eso son unas vacaciones y se dirigen a sus
segundas residencias (hablo de Madrid para que no se nos olvide), esto hace que
el pico de contagio suba en muchos municipios españoles.
Llegados a este caso, el chichivirus, pone sobre la mesa
todo lo que le fue usurpado a la Sanidad Pública española. Se pone de
manifiesto que, todas esas camas quitadas, esas plantas cerradas, esos
facultativos que tuvieron que emigrar eran necesarios, son necesarios.
Catástrofe en nuestra joya de la corona, en esa red sanitaria que es emblema de
ni nación y que, sin embargo, tan descuidada la tenemos.
Pero ellos (perdonad
que no ponga ellas, estoy usando el neutro del español) son guerreros. Son
personas íntegras, luchadoras, profesionales. Los sanitarios españoles con su capacidad
de trabajo y ese corazón ingobernable que tienen y que le han hecho entrar en
esta guerra sin armas, pero ¡cómo ayudan y curan!.
Limpiadores, lavanderos, auxiliares, enfermeros, médicos
(que no los pongo de menos a más eh, que están en la misma línea, fijaros bien)
nos faltarán años para daros las GRACIAS.
Y gracias también a los transportistas, y a los trabajadores
de supermercados, y a los panaderos y ganaderos, y a nuestros agricultores, y a
las personas que, desde su casa o negocio, facilitan a los guerreros armas para
combatir al chichivirus, y a nuestros militares, policía, guardia civil, músicos, escritores, profesores, padres e hijos, abuelos.. seguro
que se me van millones de personas que han hecho posible que EL PUEBLO SALVE AL
PUEBLO.
¿Veis? El chichivirus nos ha hecho ver quiénes son los importantes en la sociedad, ¿a qué no lo imaginabámos? Resulta que el imprescindible no es el Rey, sino el limpiador.
¡Dentro de la devastación quedaos siempre con la enseñanza!.
¿Veis? El chichivirus nos ha hecho ver quiénes son los importantes en la sociedad, ¿a qué no lo imaginabámos? Resulta que el imprescindible no es el Rey, sino el limpiador.
¡Dentro de la devastación quedaos siempre con la enseñanza!.
Lo que está claro es que nos ha puesto los pies en el suelo,
que el chichivirus a base de contagios y de pérdidas humanas nos ha vuelto a
revelar que todos somos iguales, que las fronteras que construimos, que las
clases sociales que hemos creado no nos hace diferentes; que, como ya pintara
Valdés Leal en el año 1672 en aquel “Finis Gloriae Mundi” (el fin de la gloria
del mundo) con su “ni más ni menos” da igual cómo seas que Ella siempre te
encuentra, poniéndonos donde todos llegaremos, por igual.
Y, para terminar, quiero referirme a Andalucía. Porque, si
bien es cierto que España tomó medidas antes que el pico fuera crítico en esta
comunidad, gracias a la loable actuación ciudadana, confinada, enclaustrada en
sus casas, ha conseguido un número de contagios muy leve. Debatiendo el porqué
de esta actuación de la ciudadanía, que desde el principio y sin rechistar
todos se quedaron en casa sin inmutarse, supongo varias cuestiones, no sé si
ciertas o no. Quizás sea otro golpe en la mesa del que pensar, la princesa dormida, mi provincia vapuleada dando ejemplo de cómo han de hacerse las cosas; no es la primera vez, por supuesto, pero esta sociedad es olvidadiza y a las primeras de cambio siempre termina denigrando y rebajándonos.
El chichivirus nos ha quitado la primavera en Andalucía (en todos sitios, pero ¿sabéis lo que es tener azahar por las calles y no poder olerlo?) , que
ya hay que ser malaje.. y aun así, viviendo la mejor época en la provincia soñada, todo el mundo en sus casas, aplaudiendo a las 8 de la tarde a nuestros
guerreros, porque, EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO, y el pueblo somos todos sin
importar dónde estés, de dónde seas, el dinero que tengas, ni tonterías varias.
Saldremos de ésta, espero que las vidas que nos ha costado
nos hagan replantearnos nuestros pensamientos ombliguistas.